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Solitude

Is a moment without time just pure essence of the sublime presence.

Images, smells, warmth and freshness along with and sounds from within.

All connected like a beautiful cosmic net with the entire Universe in the most intensely  interconnected experience of being. 

No past, no future, no memories, no plans only my absolute now.

No Here, no there, no me and no you. 

Only us and every molecule with every atom of the Universe.

I am what I belong and I project by just being.

No time, no birth, no Death just being.

That is my solitude.

Jorge Troncone O.

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El Silencio Mortal

Es ese espacio y tiempo vacío de sombra y luz, dónde y cuándo sólo persiste la angustia latente pero voraz en mi mente que NO puede detenerse y corre despavorida en un millón de posible formas de subsistir, imaginando la muerte.

Sí, ya la muerte o falta de vida, cómo el pegostoso resollar del abandono.

De esa falta de mirada y mucho menos voz o palabra y olvídate de abrazo o muestra alguna de cariño de ese gigante que deambula por ahí, 

llamado padre.

No puedo dejar de perseguirlo con la mirada, trato de clavar mi alma a su sombra y ver si al menos, se percata que existo y estoy ahí, oscuro silente pero atemorizado y pálido al terror a perderte.

Pero entre los miles de pensamientos,

me percato que nunca lo he tenido a mi lado.

Porque él, siempre ha obviado mi nombre, y en el mejor de los casos, dándome la espalda, eleva un dedo de su mano derecha para señalarme, sin emocion alguna, que lo siga.

Yo, corro despavorido, cien metros en 5 segundos, para que no me deje atrás, mas allá de su sombra.

En su sombra, imagino como seria estar atado a su mano y su risa.

Y más aún, su palabra enunciando mi nombre o simplemente decirme:” hijo”.

Pero ya a mí edad de soledades y silencios aprendí que NO ocurrirá.

He concluido que él, nunca será mi padre.

Me rindo a su lejanía perenne y abismal, más allá de la puesta del sol y me digo:

“Ya no puedo necesitarte, ni adorarte, ni siquiera existirte, porque la angustia me ahoga el ser, siendo ahora yo el que te calla y ciega de mi alma. Yo el que te coloca en un cubículo del imposible y ahí desapareces.”

Te mueres y llorando tu partida definitiva me emborracho del último dolor por tres días y tres tres noches.

Finalmente, me levanto sintiendo absolutamente nada.

Y cuándo me pregunten si tengo padre, les diré que murió hace mucho tiempo y que ni me acuerdo de él.

Cambio de tema como si nada, porque al final y al cabo,

la nada se interpuso entre su imagen y la mía y fue solo un espejismo de mis deseos y sueños.

Y ya eso no existe.

Yo, ahora, me invento todos los días. Sin saber muy bien quién soy, pero lo único cierto y sólido es que nunca tuve padre y lo peor, es que ya no me importa, y la vida, tampoco.

Tal vez, morí el día que lo borré de mi ser.

Tal vez soy sólo un espejismo y aún, no me he dado cuenta.

Así, respiro y camino, duermo e ingiero alimentos sin sabor ni olor y hasta tengo sexo con cuerpos jadeantes que no siento.

Y prosigo el interminable desasosiego de mi presencia en este mundo insípido y gris.

Pero por razones más allá de mi, descubro que existo a través de mi grito a voces con letras aquí plasmadas.

Postulando mi hondo dolor y así mi ser,

sea cual sea.

                                                                             Jorge Troncone O.

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Puro

Puro

Así te sientes aquí, frente al encuentro del Cielo, el Mar y la Tierra en el exacto medio de los tres elementos. 

Entonces, te das cuenta que estas buceando en el aire puro, tan puro que empiezas a toser y dejar salir las toxinas de tu ser.

Luego de un mal momento de náuseas y dolor de cabeza, te disculpas por ensuciar con tus impurezas la inmensa belleza. 

Y te maldices por ser tan asqueroso y falta de respeto con estos majestuosos elementos. 

Pero ellos, esplendorosamente en paz y balance siguen su curso de encuentro y mezcla de colores y formas, desencadenando maravillas. De esas que que te hacen llorar, gritar de la emoción y te purifican tus adentros. 

Y te sientes parte de ellos como humilde súbdito a su belleza ilimitada. 

Arrodillado ante ellos, con el alma en la mano como ofrenda.

Se abalanzan con  toda la fuerza y poder, juntos en uno.

Envolviéndome, como una burbuja cristalina de jabón. 

Y al explotar, me encuentro yaciendo en la fina arena, con los brazos abiertos, mirando el cielo, oyendo el mar y aspirando su brisa.

Ahí, en ese magnífico instante, descubro que había renacido.

Liberado de mi mismo, en unión íntima y eterna con los preciosos elementos.

Ahora, en paz, estoy listo para la aventura de la vida con esta imagen en el centro de mi ser.

Limpio y Puro.

                                 Jorge Troncone O.

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Trans Galáctico

Cansado y frustrado de la cruenta realidad de este mundo.

Donde la intolerancia de los dogmas humanos basados en miedo y su primogénito, el odio, parecen estar ganando la batalla contra la razón y la lógica, en este nuestro diminuto planeta Tierra. 

Ahogado y hastiado de esta realidad, deseé con toda mi alma, pertenecer a otra civilización.

O estar en otra dimensión o galaxia, dónde absolutamente todo, fuese diferente y mejor a lo que vivo hoy.

Sufrí entonces un fuertísimo dolor de cabeza y perdí el conocimiento. 

Creo que cerca de mi cama, porque fue lo ultimo que vi antes que se apagara la luz de mis ojos.

En ese momento, me desdoblé, en múltiples formas como un arco iris de mí mismo.

En formas y esencias desfiguradas e incomprensibles.

No sé como no sufrí un ataque cardiaco, en este torbellino de sensaciones inexplicables e indescriptibles. 

Al volver en mí, tuve el mismo dolor de cabeza  pero, poco a poco, se fue convirtiendo en una fuente de sensaciones extrañas.

Empecé a sentir mi alrededor diferente, donde era capaz de sentir los átomos y hasta verlos con mis ojos en su maravillosa locura.

De ahí, ver y sentir los diminutos organismos revoloteando en el aire y posados en los objetos.

Luego pude sentir mis órganos interactuando en comunión con todos los elementos físicos y biológicos que nunca antes me imaginé existían.

Después se abalanzó todo como una hermosa sinfonía trascendentales, en armonía absoluta.

Luego, pude transportarme y vislumbrar el tiempo pasado como el presente y proyectar el future en mi mente, a niveles sobrehumanos, a punto de causarme vértigo.

Entonces, entré en contacto con las galaxias, una tras otra, entrelazadas en millonarios mensajes con sus seres y criaturas de todo tipo. 

Maravillado, fue entonces que vi frente a mi millares de imágenes y sonidos de desconocidos seres interactuando.

 Lo más fantástico es que entendía todo y hasta me reía de los comentarios verbales y telepáticos entre ellos.

Estuve embelesado con una sonrisa clavada en la cara, lleno de la mas absoluta felicidad, paz y alegría, en medio de estos mundos maravillosos.

Lo más curioso fue que no sentí miedo sino ansia de contactarlos.

Y así lo hice al hablar con ellos en sus innumerables lenguas y formas energéticas.

Nos comunicamos y nos entendimos.

Yo no podía dejar de experimentar una poderosa serenidad y dicha.

De repente, empecé a sentir un hondo hueco en mi corazón y sentí la falta de ella, mi amor.

Mis nuevos amigos, me dijeron que podía invitarla y ser parte de todo pero que debía primero comunicarle mi experiencia y así, prepararla. 

Yo no entendí eso, porque nunca me preparé para este encuentro. 

Ellos me dijeron que lo habían hecho desde antes de mi nacimientos.

A través de los sueños de mis ancestros.

Entonces les pregunté qué había pasado con los de ella. 

Me dijeron que no habían sido parte de su experimento y yo era, uno de los pocos millones de seres elegidos al azar.

Azar? 

Les pregunté, ¿ustedes seres superiores usan el azar? 

Ellos me dijeron que el azar siempre ha jugado un papel preponderante en la creación de mundos desde siempre. 

Y que la idea de control es muy limitada y no debe ser nunca una obsesión, 

ya que va en contra de las leyes de los Universos.

Comprendí que mi manía por el control era solo una ilusión funesta, que me restaba libertad de movimiento y aún peor, de pensamiento.

Entendí que por azar había encontrado la base de la energía sideral. 

Era sencillamente, el amor. 

Precipitadamente, vi toda mi vida en un segundo. 

Lloré al darme cuenta que el amor me había topado por azar. 

Yo por miedo al descontrol de mí, lo había negado y empujado fuera de mi. 

Pero por esas cosas del Universo, el amor de ella había persistido.

Ella, con su inmenso abrazo me había tomado de vuelta en su total pasión. 

Comprendí todo en ese instante y desesperado les pregunté que cuándo podía traerla conmigo.

Me dijeron que cuando yo quisiera. 

Que no olvidara que era libre de pensar, soñar y amar.

Se despidieron, todo se detuvo y me quedé dormido plácidamente en medio del espacio, entre las estrellas, como si fuese un bebé.

Con esa imagen me desperté.

Al abrir los ojos, la vi junto a mí, en la cama.

Ella dormía y su respiración era suave y 

su cara serena, en paz.

Me le quedé mirando por un buen rato y empecé a llorar de felicidad por tenerla a mi lado.

Entendí que mi sueño intergaláctico me señalaba la base de la felicidad. 

Y eso es sencillamente, el Amor en el constante ahora. 

Ahora, sabía que el miedo a amar se convierte en un hueco negro y te disuelve.

Ahora, era finalmente libre.

Así, me le acerqué y la besé suavemente.

Ella se despertó y me miró con cariño. 

Yo le dije lo mucho que la quería y en silencio nos abrazamos.

Ella entonces me susurró que había tenido un sueño extraño. 

Al describirlo, me asombré porque era exactamente como el mío, pero inverso.

Entonces, yo le conté mi sueño y fue ahí que entendimos el mensaje. 

Entre risa y lágrimas nos encontramos en paz y dicha, a través de infinitas dimensiones.

Y ahora visitamos y vivimos, uno y otro Universo, entre galaxia y galaxia, 

y entre beso y beso.

                                                                                               Jorge Troncone O.

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Al Cruzar la Esquina…

Es como si te encontrarás el amor de tu vida o la muerte segura, 

al cruzar la esquina. 

Dónde se te aparecen personas y cosas sin darte cuenta y te salpican con su realidad buena, mala o aún peor, nada importante.

Cómo una tienda de recuerdos, donde no recuerdas nada que valga la pena, porque se te olvidó que tenías vida y deambulas en el vacío de ti mismo.

Entonces, cruzas una esquina y se te abalanza una mirada con sonrisa furtiva de una hermosa niña, que ni te conoce, pero te hace sentir bienvenido de Vuelta al Mundo.

Es como un relámpago de azahares que te hace vibrar el Corazón y el Alma, aunque sea un par de segundos.

Te rescata de tu miseria, pero poco a poco, va perdiendo su efecto. 

Por eso, ansías llegar a la próxima esquina y ver si te consigues algo sorprendente o por desgracia, más de la misma inexorable agonía.

Cual drogadicto, andas correteando por cuanta calle y avenida, llenas o vacías de gente, ruidos, colores y olores. 

Cazando migajas de vida desesperada para no morirte triste y vacío.

Si no, lleno de luz sonriente que te abrazo con pasión.

Aunque sea el último suspiro, contra ese mundo interno y oscuro que tanto te ha destrozado los adentros y no te deja salir libre a la calle. 

Por eso, ahora te lanzas a cruzar la próxima esquina, deseando toparte con ella, la vida.

                                    Jorge Troncone O.

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Vida o Muerte

Vida o Muerte

Esto fue lo que le ocurrió a mi padre, cuando era un joven capitán de marina mercante en 1955. Estaba a unas doscientas millas náuticas al Norte de las costas orientales de Cuba.

Entre el Mar Caribe y el océano Atlántico una noche oscura y tormentosa.

Sin saberlo seria la noche más larga de su vida.

Cuando vio la muerte y el terror en las aguas revueltas y violentas, donde la luz fue tragada a fuerza de olas y su respiro, asfixiado por las penumbras de esa noche.

El todavía recuerda los horribles y potentes zarandeos del bote como si fuese una caja de zapatos en el inmenso océano.

Dónde el viento y las olas, con sus sonidos de truenos y rabia, se clavaban y salpicaban en su borda hasta el más desesperante dolor viéndose morir, sepultado en su hondo fondo.

Sin luz, ni alma en el silencio de muerte, sin funeral con dolientes y sin nombre en tumba alguna. Convertido en comida de peces y restos de coral.

Así, lloró y gritó como un niño sin que nadie se diera cuenta y resurgió desde su pavor a esa muerte.

Tomó el timón y se desgarró a gritos por la radio y los parlantes del buque, dando instrucciones a la tripulación con fuerza y valentía, viendo como buques cercanos desaparecían, uno tras otro. Entre gigantes olas y vientos que hacían temblar sus huesos y su alma.

Nunca más vería, ni sentiría a su mujer que lo bendecía con su pasión más allá de cualquier sirena, ni a sus dos pequeños hijos, que lo abrazaban cada vez que se les aparecía por la puerta de la casa cada tres meses.

Se dio cuenta que él era solo un visitante, por un par de semanas, antes de volver al mar, donde, realmente vivía.

Descubrió que su buque era su hogar y estaba a punto de perderse con él.

Todo estaba a punto de terminar, su existencia seria tragada por las aguas poderosas.

Su nombre apenas un recuerdo en las voces de quienes lo querían y paulatinamente, disolverían en el tiempo y espacio del olvido, hasta el más absoluto silencio.

El capitán, entro en pánico y viéndose al borde de la muerte dijo:

“Mar, nunca creí que mi amor por ti terminaría así, bajo tu manto violento e implacable.

Hoy me borrarás de la faz del mundo y mi amor por ti será mi sepultura.

Sin embargo, no te odio ni te guardo recelo alguno.

Mi amor fue grandemente correspondido desde que te vi, te respiré y te toqué la primera vez desde muy niño.

Tuvimos amor a primera vista y me distes tu sosiego y fuerza juntas en el más hermoso balance de vida.

Me distes la aventura y la pasión de vivir.

Si aquí y ahora debo terminar mi travesía en ti. Pues que así sea, mi hermano de vida, y desde hoy, de muerte.

Solo te pido un último deseo, que le lleves con tu brisa mi amor a mi mujer e hijos, mis padres y hermanos en tierra firme.

Estoy seguro que me sentirán en ti día y noche. Y así, seré eterno como tú en este mundo.”

Entonces, escucho por el intercomunicador, como el jefe de máquinas informaba que las máquinas habían vuelto a funcionar al 100%.

El Capitán abrió los ojos, vio cómo el océano se calmaba un tanto, cómo el buque se enderezaba en su curso y luego, oyó a la tripulación aplaudir y dar gracias a Dios.

Él los abrazó con fuerza y les dijo que todos tendrían una ración extra de licor para celebrar este momento.

Luego de forma algo solemne les dijo:

“Hoy, hemos sobrevivido y renacido.

Hoy tenemos la oportunidad de cambiar nuestras vidas. Hoy es un nuevo día.”

Pasaron las horas y la tormenta amainó completamente.

Al día siguiente, tuvieron informes de que varios buques habían desaparecido, ordenando que estuviéramos atentos por posibles náufragos en diferentes coordenadas.

Le informaron que el buque escuela de la Real Marina Británica era una de las naves desaparecidas y que sus 200 cadetes y oficiales se temían muertos.

El Capitán sabía del comodoro al mando de este formidable navío.

Era un condecorado oficial de la Primera y Segunda Guerra Mundial, de una familia de marinos desde el almirante Nelson quien venció a la Armada de Napoleón en Trafalgar por allá por 1805.

El capitán no podía dejar de pensar cómo este héroe se lo había tragado el mar como si nada.

Se dio cuenta cómo el Mar y su poder, nos hacen descubrir lo pequeño que somos, a pesar de la gloria y triunfos en la vida.

Todo eso se lo llevan las olas y el viento y no queda nada.

El capitán reflexionó en el más absoluto silencio y paz esa mañana y concluyó:

“Hoy he descubierto que en el Mar océano, lo único que realmente importa es:

Primero, mantenerte a flote, pase lo que pase, no hundirte.

Segundo, que tus motores o velas funcionen y te permitan navegar libremente.

Tercero, siempre tener un destino cierto y seguro para no perderte.

Definitivamente, en el Mar, así como en la Vida necesitas estos tres elementos para sobrevivir.”

Fue tanta su claridad que ese día se prometió redefinir su vida y consultar con su mujer su destino porque ella era su puerto seguro.

Así lo hizo, y unos años más tarde se retiró de la Marina de alta mar y se dedicó a ser capitán de cabotaje o piloto de puerto.

Así, pudo cenar con la familia y dormir en el lecho cálido con su mujer todas las noches donde siempre recordó esa noche tormentosa cuándo el mar casi se lo lleva con él.

Hubo momentos que sonreía ante sus recuerdos y le mandaba un fuerte beso.

Luego, se vertía sobre el cuerpo de su adorada mujer, se sumergía en su amor y dormía en la más absoluta paz.

Y así, vivió lo que tenía que vivir y sus hijos, curiosamente,

adoran el Mar y la Vida como él.

Jorge Troncone O.

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Yo, soy del Atlantico

Hace ya mas de 40 años, estábamos de viaje mi madre y hermano junto a mis tíos y primos en un vuelo a Italia desde de Venezuela. Yo tenia 18 anos.

Estaba sentado al lado de mi tío Nevio.

Y le estuve preguntando sobre su natal Italia, la guerra que lo obligo a emigrar y no sé por qué le pregunte:

 ¿Tio, de donde te sientes después de todos estos años ?

El me miró y sonrió, diciéndome:

“Querido sobrino, yo he llegado a la conclusión que tengo un pie en mi natal Italia y otro en mi querida Venezuela. Como dicen, es el mal o la fortuna del emigrante pertenecer a dos mundos, el que dejas y el que te recibe en busca de “la buona fortuna.”

¿Sabes por qué?

Déjame contarte.

Recuerdo como hoy, el día que llegué a Venezuela un día soleado y caliente, con apenas 15 dólares, mi pequeña maleta y mis grandes sueños.

Esta tierra me recibió con trabajo y cariño. Tanto así, que en un par de años me casé con tu tía y me dió tres hijos.

Ahora hasta tengo pasaporte nacional y carnet de identidad como criollo naturalizado.

Pero en la calle, la gente me llama Musiu y me pongo colorado con el intenso sol caribeño.

Soy por ende, siempre un extranjero.

Por otro lado, recuerdo años después, junto a tu tía y tus primos aún pequeños, ir de vacaciones a Italia.

Estaba orgulloso de mis avances económicos ya que mandaba dinero a mi madre y hermanas.

Cuando llegue a mi ciudad natal, me sentí algo extraño porque muchas cosas habían cambiado y no pude evitar pensar cuando casi me matan los soldados alemanes al final de la guerra.

Un día me reuní con mis amigos de la infancia. Recuerdo cuándo me señalaron que ahora consumía más arepas y whisky que pasta y vino.

Y el momento que me dijeron que ya era un “Americano.”

Recuerdo cuánto me molesté y muy ofendido les dije que cómo se atrevían a llamarme así, porque yo era tan italiano como ellos.

Pero ellos, se rieron y me dijeron que no me molestara ya que ellos tenían muchos familiares emigrantes también. Sabían que ya no eran tan italianos porque se habían asimilado a su nuevo terruño y eso era muy común.

Entonces, me calmé porque vi que no me minusvalian y seguían queriendo como siempre.

Nos tomamos unos unos vinos y la pasamos muy bien.

Por muchos años mantuve mi amistad con ellos hasta que cada uno fue muriendo y ahora sólo quedo yo.

Entonces, hace un par de años, me sentí algo triste porque ya tus primos estaban grandes y casados haciendo sus vidas.

Yo estaba solo en mi estudio,  oyendo el partido de mi equipo la Juventus de Turín, mientras me tomaba un refrescante jugo de caña de azúcar por el fuerte calor de Maracaibo.

No pude dejar de pensar de dónde era y me dije:

“En Italia soy Americano y en America soy siempre un Musiu.

Soy de los dos a medias pero completamente, de ninguna parte.

Me sentí triste y apatrida. Entonces me acordé estando en el barco, en el medio del Atlántico en camino a la America en 1946.

Recuerdo cuánto adoré el Inmenso Océano y le confesé mis sueños y temores.

Sentí la energía de sus olas poderosas y azules y luego, un suave susurro a través  de la brisa marina. Me decía que todo saldría bien y que tuviera fe en mi esfuerzo y pasión por la vida.

Lloré y le juré que así lo haría.

Y te confieso que nadie supo este juramento hasta hoy mi querido sobrino.

Ya ves, el Atlántico se convirtió en mi hogar y guía.

Concluí que es allí dónde reside la esperanza de una mejor vida y también la tristeza por dejar atrás mi infancia.

Por eso, declaro: “Yo, soy del Atlántico!”

Me le quedé mirando y casi lloré con él, que no pudo evitar un par de lagrimas en sus ojos.

Luego me dijo que yo era también su compatriota Oceánico porque ya notaba en mí esa curiosidad y ansia por conocer nuevos mundos.

Sonrió, llamó a la azafata y le pidió un par de whiskies para brindar por nuestra nacionalidad.

Pasaron los años y yo emigré de Venezuela tres veces y ahora, vivo con un pie en cada orilla del Atlántico.

Hoy le rindo homenaje a mi querido tío que murió en America pero su alma yace en el océano como la mía, hoy en vida.

Levanto mi copa y brindo por el Atlántico,

nuestro hogar y definitivamente,

nuestra patria!

                                                                  Jorge Troncone O.

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!Abre los Ojos!

¡Abre los Ojos!

 

Hoy es una mañana soleada y azul con trazos de nubes fugaces y alargadas en el horizonte. Parece infinito de posibilidades y pienso de todo, especialmente absorbido por sueños y deseos que me abstraen de la calle que piso y el edificio en semi ruinas qué paso al caminar.

Me dije: “Abre los ojos.”

Al ver que un auto ruidoso se me aproxima e interrumpe mi encuentro con el magnífico paraíso azul y dorado dentro de mi.

No puedo evitar sonreírme, viendo el auto alejarse y mis sueños retomando mi caminar.

Me asombro con la hermosa visión que permanece clavada en mis ojos.

Más allá de la mera vista, trasciendo con los lentes del espíritu abierto a todo mas allá de lo concreto frente a mí.

Así, me lleno de fresco aire, cálido sol y hasta percibo el aroma del mar  que aunque lejos en millas está muy cerca y todo esto es posible porque abrí mis ojos y los mantengo bien abiertos.

Ahora, empiezo a sentir el frescor de otros sitios lejanos como Madrid, Jamaica y hasta Australia se hace presente con su transitar de canguros y gente cerca del Océano Pacífico.

 

Soy capaz de contemplar la gente que tanto quiero y la siento a ella, mi mujer tomándome de la mano, está mañana en la cama, al amanecer.

Y siento la presencia de mis viejos  amigos lejos de mi.

Las distancias ya no importan porque hoy, abriendo los ojos, los tengo conmigo.

 

Vuelvo a tomar una mirada al cielo azul e iluminado, lo saludo y aprecio mi vida hermosa, ahora que aprendí a abrirle los ojos, del alma.

 

Jorge Troncone O.

 

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Inmortal(es)

Inmortal(es)

 

Hoy en una cafetería durante la media tarde, no pude evitar observar una familia, Estaba el padre comiéndose un sándwich en silencio.

La madre, una mujer robusta y alta, de unos 48 años con un vestido de verano de esos arrugados y frescos.

Ella estaba conversando con sus dos niñas de  unos 12 y 9 años.

De repente noté un silencio absoluto y vi que la madre, se quedó callada, mirando al infinito.

Sentí un dolor en su mirada al vacío y me conecté con esta extraña mujer en ese preciso instante.

Luego, ella volvió de sí, y respondió a las repetidas preguntas y quejas de su hija pre-adolecente.

La chica le respondió con fuerza y el padre no hizo nada al respecto.

Yo reaccioné con malestar, ya que su molestia era la mía.

Sentí en silencio su breve mirada. Vi en sus ojos azules profundos una larga historia de sufrimiento, valentía,

pasión y lucha por la vida. Comprendí el por qué de su fuerte presencia en la vida.

 

De repente, caí en cuenta que esta señora y su familia nunca más los volvería a ver.  Me dió pena la dureza de la realidad ya que experimentaba una conexión cercana. Y hasta sentí que la extrañaría a ella.

Supe que podría darse un re-encuentro pero no sería igual porque estaríamos en otra atmósfera o momento de vida.

 

Entonces pensé que nuestro encuentro en este instante solo podría sobrevivir el olvido con una foto o escritura.

Me aterrorizó que se disolviera en el tiempo en cuestión de segundos o minutos, con el paso del viento y las nubes.

 

Me consolé al percatarme que escribiendo sobre estos momentos evitó su muerte.

Descubro que escribiendo hago estos momentos de personas y esquinas con sus sentimientos y sueños, inmortales.

 

Al escribir, los sello en la memoria sin olvido posible. Y eso es hermoso.

Por eso, escribo como un loco, sobre este encuentro lleno de significado amplio y profundo.

Y quién lo lea, sienta lo que sentimos hoy, estos dos seres, en el medio de una tarde cualquiera.

Ahora inmortales.

 

Jorge Troncone O.

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