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Solitude

Is a moment without time just pure essence of the sublime presence.

Images, smells, warmth and freshness along with and sounds from within.

All connected like a beautiful cosmic net with the entire Universe in the most intensely  interconnected experience of being. 

No past, no future, no memories, no plans only my absolute now.

No Here, no there, no me and no you. 

Only us and every molecule with every atom of the Universe.

I am what I belong and I project by just being.

No time, no birth, no Death just being.

That is my solitude.

Jorge Troncone O.

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El Silencio Mortal

Es ese espacio y tiempo vacío de sombra y luz, dónde y cuándo sólo persiste la angustia latente pero voraz en mi mente que NO puede detenerse y corre despavorida en un millón de posible formas de subsistir, imaginando la muerte.

Sí, ya la muerte o falta de vida, cómo el pegostoso resollar del abandono.

De esa falta de mirada y mucho menos voz o palabra y olvídate de abrazo o muestra alguna de cariño de ese gigante que deambula por ahí, 

llamado padre.

No puedo dejar de perseguirlo con la mirada, trato de clavar mi alma a su sombra y ver si al menos, se percata que existo y estoy ahí, oscuro silente pero atemorizado y pálido al terror a perderte.

Pero entre los miles de pensamientos,

me percato que nunca lo he tenido a mi lado.

Porque él, siempre ha obviado mi nombre, y en el mejor de los casos, dándome la espalda, eleva un dedo de su mano derecha para señalarme, sin emocion alguna, que lo siga.

Yo, corro despavorido, cien metros en 5 segundos, para que no me deje atrás, mas allá de su sombra.

En su sombra, imagino como seria estar atado a su mano y su risa.

Y más aún, su palabra enunciando mi nombre o simplemente decirme:” hijo”.

Pero ya a mí edad de soledades y silencios aprendí que NO ocurrirá.

He concluido que él, nunca será mi padre.

Me rindo a su lejanía perenne y abismal, más allá de la puesta del sol y me digo:

“Ya no puedo necesitarte, ni adorarte, ni siquiera existirte, porque la angustia me ahoga el ser, siendo ahora yo el que te calla y ciega de mi alma. Yo el que te coloca en un cubículo del imposible y ahí desapareces.”

Te mueres y llorando tu partida definitiva me emborracho del último dolor por tres días y tres tres noches.

Finalmente, me levanto sintiendo absolutamente nada.

Y cuándo me pregunten si tengo padre, les diré que murió hace mucho tiempo y que ni me acuerdo de él.

Cambio de tema como si nada, porque al final y al cabo,

la nada se interpuso entre su imagen y la mía y fue solo un espejismo de mis deseos y sueños.

Y ya eso no existe.

Yo, ahora, me invento todos los días. Sin saber muy bien quién soy, pero lo único cierto y sólido es que nunca tuve padre y lo peor, es que ya no me importa, y la vida, tampoco.

Tal vez, morí el día que lo borré de mi ser.

Tal vez soy sólo un espejismo y aún, no me he dado cuenta.

Así, respiro y camino, duermo e ingiero alimentos sin sabor ni olor y hasta tengo sexo con cuerpos jadeantes que no siento.

Y prosigo el interminable desasosiego de mi presencia en este mundo insípido y gris.

Pero por razones más allá de mi, descubro que existo a través de mi grito a voces con letras aquí plasmadas.

Postulando mi hondo dolor y así mi ser,

sea cual sea.

                                                                             Jorge Troncone O.

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Puro

Puro

Así te sientes aquí, frente al encuentro del Cielo, el Mar y la Tierra en el exacto medio de los tres elementos. 

Entonces, te das cuenta que estas buceando en el aire puro, tan puro que empiezas a toser y dejar salir las toxinas de tu ser.

Luego de un mal momento de náuseas y dolor de cabeza, te disculpas por ensuciar con tus impurezas la inmensa belleza. 

Y te maldices por ser tan asqueroso y falta de respeto con estos majestuosos elementos. 

Pero ellos, esplendorosamente en paz y balance siguen su curso de encuentro y mezcla de colores y formas, desencadenando maravillas. De esas que que te hacen llorar, gritar de la emoción y te purifican tus adentros. 

Y te sientes parte de ellos como humilde súbdito a su belleza ilimitada. 

Arrodillado ante ellos, con el alma en la mano como ofrenda.

Se abalanzan con  toda la fuerza y poder, juntos en uno.

Envolviéndome, como una burbuja cristalina de jabón. 

Y al explotar, me encuentro yaciendo en la fina arena, con los brazos abiertos, mirando el cielo, oyendo el mar y aspirando su brisa.

Ahí, en ese magnífico instante, descubro que había renacido.

Liberado de mi mismo, en unión íntima y eterna con los preciosos elementos.

Ahora, en paz, estoy listo para la aventura de la vida con esta imagen en el centro de mi ser.

Limpio y Puro.

                                 Jorge Troncone O.

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Cielo

Cielo

Limpio y llano, ese cielo que acaricia mis ojos y pinta mis labios hacia la sonrisa con su azul y dorado.

No dejando duda, ni temor alguno.

Llenado todo, absolutamente todo con esperanza cierta y total. 

Lo vivo desde dentro, lo exhalo y distribuyo por el mundo a fuerza de sueños con pasiones insaciables.

Y así, acariciando suavemente las nubes en mi mágico ascenso. Avanzó hacia los astros luminosos y devoró su luz hasta convertirme en uno de ellos. 

Proyectando luz a los perdidos en sus tormentos, guiándolos al libre e infinito cielo de todos.

                                                                                            Jorge Troncone O.

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Trans Galáctico

Cansado y frustrado de la cruenta realidad de este mundo.

Donde la intolerancia de los dogmas humanos basados en miedo y su primogénito, el odio, parecen estar ganando la batalla contra la razón y la lógica, en este nuestro diminuto planeta Tierra. 

Ahogado y hastiado de esta realidad, deseé con toda mi alma, pertenecer a otra civilización.

O estar en otra dimensión o galaxia, dónde absolutamente todo, fuese diferente y mejor a lo que vivo hoy.

Sufrí entonces un fuertísimo dolor de cabeza y perdí el conocimiento. 

Creo que cerca de mi cama, porque fue lo ultimo que vi antes que se apagara la luz de mis ojos.

En ese momento, me desdoblé, en múltiples formas como un arco iris de mí mismo.

En formas y esencias desfiguradas e incomprensibles.

No sé como no sufrí un ataque cardiaco, en este torbellino de sensaciones inexplicables e indescriptibles. 

Al volver en mí, tuve el mismo dolor de cabeza  pero, poco a poco, se fue convirtiendo en una fuente de sensaciones extrañas.

Empecé a sentir mi alrededor diferente, donde era capaz de sentir los átomos y hasta verlos con mis ojos en su maravillosa locura.

De ahí, ver y sentir los diminutos organismos revoloteando en el aire y posados en los objetos.

Luego pude sentir mis órganos interactuando en comunión con todos los elementos físicos y biológicos que nunca antes me imaginé existían.

Después se abalanzó todo como una hermosa sinfonía trascendentales, en armonía absoluta.

Luego, pude transportarme y vislumbrar el tiempo pasado como el presente y proyectar el future en mi mente, a niveles sobrehumanos, a punto de causarme vértigo.

Entonces, entré en contacto con las galaxias, una tras otra, entrelazadas en millonarios mensajes con sus seres y criaturas de todo tipo. 

Maravillado, fue entonces que vi frente a mi millares de imágenes y sonidos de desconocidos seres interactuando.

 Lo más fantástico es que entendía todo y hasta me reía de los comentarios verbales y telepáticos entre ellos.

Estuve embelesado con una sonrisa clavada en la cara, lleno de la mas absoluta felicidad, paz y alegría, en medio de estos mundos maravillosos.

Lo más curioso fue que no sentí miedo sino ansia de contactarlos.

Y así lo hice al hablar con ellos en sus innumerables lenguas y formas energéticas.

Nos comunicamos y nos entendimos.

Yo no podía dejar de experimentar una poderosa serenidad y dicha.

De repente, empecé a sentir un hondo hueco en mi corazón y sentí la falta de ella, mi amor.

Mis nuevos amigos, me dijeron que podía invitarla y ser parte de todo pero que debía primero comunicarle mi experiencia y así, prepararla. 

Yo no entendí eso, porque nunca me preparé para este encuentro. 

Ellos me dijeron que lo habían hecho desde antes de mi nacimientos.

A través de los sueños de mis ancestros.

Entonces les pregunté qué había pasado con los de ella. 

Me dijeron que no habían sido parte de su experimento y yo era, uno de los pocos millones de seres elegidos al azar.

Azar? 

Les pregunté, ¿ustedes seres superiores usan el azar? 

Ellos me dijeron que el azar siempre ha jugado un papel preponderante en la creación de mundos desde siempre. 

Y que la idea de control es muy limitada y no debe ser nunca una obsesión, 

ya que va en contra de las leyes de los Universos.

Comprendí que mi manía por el control era solo una ilusión funesta, que me restaba libertad de movimiento y aún peor, de pensamiento.

Entendí que por azar había encontrado la base de la energía sideral. 

Era sencillamente, el amor. 

Precipitadamente, vi toda mi vida en un segundo. 

Lloré al darme cuenta que el amor me había topado por azar. 

Yo por miedo al descontrol de mí, lo había negado y empujado fuera de mi. 

Pero por esas cosas del Universo, el amor de ella había persistido.

Ella, con su inmenso abrazo me había tomado de vuelta en su total pasión. 

Comprendí todo en ese instante y desesperado les pregunté que cuándo podía traerla conmigo.

Me dijeron que cuando yo quisiera. 

Que no olvidara que era libre de pensar, soñar y amar.

Se despidieron, todo se detuvo y me quedé dormido plácidamente en medio del espacio, entre las estrellas, como si fuese un bebé.

Con esa imagen me desperté.

Al abrir los ojos, la vi junto a mí, en la cama.

Ella dormía y su respiración era suave y 

su cara serena, en paz.

Me le quedé mirando por un buen rato y empecé a llorar de felicidad por tenerla a mi lado.

Entendí que mi sueño intergaláctico me señalaba la base de la felicidad. 

Y eso es sencillamente, el Amor en el constante ahora. 

Ahora, sabía que el miedo a amar se convierte en un hueco negro y te disuelve.

Ahora, era finalmente libre.

Así, me le acerqué y la besé suavemente.

Ella se despertó y me miró con cariño. 

Yo le dije lo mucho que la quería y en silencio nos abrazamos.

Ella entonces me susurró que había tenido un sueño extraño. 

Al describirlo, me asombré porque era exactamente como el mío, pero inverso.

Entonces, yo le conté mi sueño y fue ahí que entendimos el mensaje. 

Entre risa y lágrimas nos encontramos en paz y dicha, a través de infinitas dimensiones.

Y ahora visitamos y vivimos, uno y otro Universo, entre galaxia y galaxia, 

y entre beso y beso.

                                                                                               Jorge Troncone O.

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Al Cruzar la Esquina…

Es como si te encontrarás el amor de tu vida o la muerte segura, 

al cruzar la esquina. 

Dónde se te aparecen personas y cosas sin darte cuenta y te salpican con su realidad buena, mala o aún peor, nada importante.

Cómo una tienda de recuerdos, donde no recuerdas nada que valga la pena, porque se te olvidó que tenías vida y deambulas en el vacío de ti mismo.

Entonces, cruzas una esquina y se te abalanza una mirada con sonrisa furtiva de una hermosa niña, que ni te conoce, pero te hace sentir bienvenido de Vuelta al Mundo.

Es como un relámpago de azahares que te hace vibrar el Corazón y el Alma, aunque sea un par de segundos.

Te rescata de tu miseria, pero poco a poco, va perdiendo su efecto. 

Por eso, ansías llegar a la próxima esquina y ver si te consigues algo sorprendente o por desgracia, más de la misma inexorable agonía.

Cual drogadicto, andas correteando por cuanta calle y avenida, llenas o vacías de gente, ruidos, colores y olores. 

Cazando migajas de vida desesperada para no morirte triste y vacío.

Si no, lleno de luz sonriente que te abrazo con pasión.

Aunque sea el último suspiro, contra ese mundo interno y oscuro que tanto te ha destrozado los adentros y no te deja salir libre a la calle. 

Por eso, ahora te lanzas a cruzar la próxima esquina, deseando toparte con ella, la vida.

                                    Jorge Troncone O.

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Vida o Muerte

Vida o Muerte

Esto fue lo que le ocurrió a mi padre, cuando era un joven capitán de marina mercante en 1955. Estaba a unas doscientas millas náuticas al Norte de las costas orientales de Cuba.

Entre el Mar Caribe y el océano Atlántico una noche oscura y tormentosa.

Sin saberlo seria la noche más larga de su vida.

Cuando vio la muerte y el terror en las aguas revueltas y violentas, donde la luz fue tragada a fuerza de olas y su respiro, asfixiado por las penumbras de esa noche.

El todavía recuerda los horribles y potentes zarandeos del bote como si fuese una caja de zapatos en el inmenso océano.

Dónde el viento y las olas, con sus sonidos de truenos y rabia, se clavaban y salpicaban en su borda hasta el más desesperante dolor viéndose morir, sepultado en su hondo fondo.

Sin luz, ni alma en el silencio de muerte, sin funeral con dolientes y sin nombre en tumba alguna. Convertido en comida de peces y restos de coral.

Así, lloró y gritó como un niño sin que nadie se diera cuenta y resurgió desde su pavor a esa muerte.

Tomó el timón y se desgarró a gritos por la radio y los parlantes del buque, dando instrucciones a la tripulación con fuerza y valentía, viendo como buques cercanos desaparecían, uno tras otro. Entre gigantes olas y vientos que hacían temblar sus huesos y su alma.

Nunca más vería, ni sentiría a su mujer que lo bendecía con su pasión más allá de cualquier sirena, ni a sus dos pequeños hijos, que lo abrazaban cada vez que se les aparecía por la puerta de la casa cada tres meses.

Se dio cuenta que él era solo un visitante, por un par de semanas, antes de volver al mar, donde, realmente vivía.

Descubrió que su buque era su hogar y estaba a punto de perderse con él.

Todo estaba a punto de terminar, su existencia seria tragada por las aguas poderosas.

Su nombre apenas un recuerdo en las voces de quienes lo querían y paulatinamente, disolverían en el tiempo y espacio del olvido, hasta el más absoluto silencio.

El capitán, entro en pánico y viéndose al borde de la muerte dijo:

“Mar, nunca creí que mi amor por ti terminaría así, bajo tu manto violento e implacable.

Hoy me borrarás de la faz del mundo y mi amor por ti será mi sepultura.

Sin embargo, no te odio ni te guardo recelo alguno.

Mi amor fue grandemente correspondido desde que te vi, te respiré y te toqué la primera vez desde muy niño.

Tuvimos amor a primera vista y me distes tu sosiego y fuerza juntas en el más hermoso balance de vida.

Me distes la aventura y la pasión de vivir.

Si aquí y ahora debo terminar mi travesía en ti. Pues que así sea, mi hermano de vida, y desde hoy, de muerte.

Solo te pido un último deseo, que le lleves con tu brisa mi amor a mi mujer e hijos, mis padres y hermanos en tierra firme.

Estoy seguro que me sentirán en ti día y noche. Y así, seré eterno como tú en este mundo.”

Entonces, escucho por el intercomunicador, como el jefe de máquinas informaba que las máquinas habían vuelto a funcionar al 100%.

El Capitán abrió los ojos, vio cómo el océano se calmaba un tanto, cómo el buque se enderezaba en su curso y luego, oyó a la tripulación aplaudir y dar gracias a Dios.

Él los abrazó con fuerza y les dijo que todos tendrían una ración extra de licor para celebrar este momento.

Luego de forma algo solemne les dijo:

“Hoy, hemos sobrevivido y renacido.

Hoy tenemos la oportunidad de cambiar nuestras vidas. Hoy es un nuevo día.”

Pasaron las horas y la tormenta amainó completamente.

Al día siguiente, tuvieron informes de que varios buques habían desaparecido, ordenando que estuviéramos atentos por posibles náufragos en diferentes coordenadas.

Le informaron que el buque escuela de la Real Marina Británica era una de las naves desaparecidas y que sus 200 cadetes y oficiales se temían muertos.

El Capitán sabía del comodoro al mando de este formidable navío.

Era un condecorado oficial de la Primera y Segunda Guerra Mundial, de una familia de marinos desde el almirante Nelson quien venció a la Armada de Napoleón en Trafalgar por allá por 1805.

El capitán no podía dejar de pensar cómo este héroe se lo había tragado el mar como si nada.

Se dio cuenta cómo el Mar y su poder, nos hacen descubrir lo pequeño que somos, a pesar de la gloria y triunfos en la vida.

Todo eso se lo llevan las olas y el viento y no queda nada.

El capitán reflexionó en el más absoluto silencio y paz esa mañana y concluyó:

“Hoy he descubierto que en el Mar océano, lo único que realmente importa es:

Primero, mantenerte a flote, pase lo que pase, no hundirte.

Segundo, que tus motores o velas funcionen y te permitan navegar libremente.

Tercero, siempre tener un destino cierto y seguro para no perderte.

Definitivamente, en el Mar, así como en la Vida necesitas estos tres elementos para sobrevivir.”

Fue tanta su claridad que ese día se prometió redefinir su vida y consultar con su mujer su destino porque ella era su puerto seguro.

Así lo hizo, y unos años más tarde se retiró de la Marina de alta mar y se dedicó a ser capitán de cabotaje o piloto de puerto.

Así, pudo cenar con la familia y dormir en el lecho cálido con su mujer todas las noches donde siempre recordó esa noche tormentosa cuándo el mar casi se lo lleva con él.

Hubo momentos que sonreía ante sus recuerdos y le mandaba un fuerte beso.

Luego, se vertía sobre el cuerpo de su adorada mujer, se sumergía en su amor y dormía en la más absoluta paz.

Y así, vivió lo que tenía que vivir y sus hijos, curiosamente,

adoran el Mar y la Vida como él.

Jorge Troncone O.

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Yo, soy del Atlantico

Hace ya mas de 40 años, estábamos de viaje mi madre y hermano junto a mis tíos y primos en un vuelo a Italia desde de Venezuela. Yo tenia 18 anos.

Estaba sentado al lado de mi tío Nevio.

Y le estuve preguntando sobre su natal Italia, la guerra que lo obligo a emigrar y no sé por qué le pregunte:

 ¿Tio, de donde te sientes después de todos estos años ?

El me miró y sonrió, diciéndome:

“Querido sobrino, yo he llegado a la conclusión que tengo un pie en mi natal Italia y otro en mi querida Venezuela. Como dicen, es el mal o la fortuna del emigrante pertenecer a dos mundos, el que dejas y el que te recibe en busca de “la buona fortuna.”

¿Sabes por qué?

Déjame contarte.

Recuerdo como hoy, el día que llegué a Venezuela un día soleado y caliente, con apenas 15 dólares, mi pequeña maleta y mis grandes sueños.

Esta tierra me recibió con trabajo y cariño. Tanto así, que en un par de años me casé con tu tía y me dió tres hijos.

Ahora hasta tengo pasaporte nacional y carnet de identidad como criollo naturalizado.

Pero en la calle, la gente me llama Musiu y me pongo colorado con el intenso sol caribeño.

Soy por ende, siempre un extranjero.

Por otro lado, recuerdo años después, junto a tu tía y tus primos aún pequeños, ir de vacaciones a Italia.

Estaba orgulloso de mis avances económicos ya que mandaba dinero a mi madre y hermanas.

Cuando llegue a mi ciudad natal, me sentí algo extraño porque muchas cosas habían cambiado y no pude evitar pensar cuando casi me matan los soldados alemanes al final de la guerra.

Un día me reuní con mis amigos de la infancia. Recuerdo cuándo me señalaron que ahora consumía más arepas y whisky que pasta y vino.

Y el momento que me dijeron que ya era un “Americano.”

Recuerdo cuánto me molesté y muy ofendido les dije que cómo se atrevían a llamarme así, porque yo era tan italiano como ellos.

Pero ellos, se rieron y me dijeron que no me molestara ya que ellos tenían muchos familiares emigrantes también. Sabían que ya no eran tan italianos porque se habían asimilado a su nuevo terruño y eso era muy común.

Entonces, me calmé porque vi que no me minusvalian y seguían queriendo como siempre.

Nos tomamos unos unos vinos y la pasamos muy bien.

Por muchos años mantuve mi amistad con ellos hasta que cada uno fue muriendo y ahora sólo quedo yo.

Entonces, hace un par de años, me sentí algo triste porque ya tus primos estaban grandes y casados haciendo sus vidas.

Yo estaba solo en mi estudio,  oyendo el partido de mi equipo la Juventus de Turín, mientras me tomaba un refrescante jugo de caña de azúcar por el fuerte calor de Maracaibo.

No pude dejar de pensar de dónde era y me dije:

“En Italia soy Americano y en America soy siempre un Musiu.

Soy de los dos a medias pero completamente, de ninguna parte.

Me sentí triste y apatrida. Entonces me acordé estando en el barco, en el medio del Atlántico en camino a la America en 1946.

Recuerdo cuánto adoré el Inmenso Océano y le confesé mis sueños y temores.

Sentí la energía de sus olas poderosas y azules y luego, un suave susurro a través  de la brisa marina. Me decía que todo saldría bien y que tuviera fe en mi esfuerzo y pasión por la vida.

Lloré y le juré que así lo haría.

Y te confieso que nadie supo este juramento hasta hoy mi querido sobrino.

Ya ves, el Atlántico se convirtió en mi hogar y guía.

Concluí que es allí dónde reside la esperanza de una mejor vida y también la tristeza por dejar atrás mi infancia.

Por eso, declaro: “Yo, soy del Atlántico!”

Me le quedé mirando y casi lloré con él, que no pudo evitar un par de lagrimas en sus ojos.

Luego me dijo que yo era también su compatriota Oceánico porque ya notaba en mí esa curiosidad y ansia por conocer nuevos mundos.

Sonrió, llamó a la azafata y le pidió un par de whiskies para brindar por nuestra nacionalidad.

Pasaron los años y yo emigré de Venezuela tres veces y ahora, vivo con un pie en cada orilla del Atlántico.

Hoy le rindo homenaje a mi querido tío que murió en America pero su alma yace en el océano como la mía, hoy en vida.

Levanto mi copa y brindo por el Atlántico,

nuestro hogar y definitivamente,

nuestra patria!

                                                                  Jorge Troncone O.

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El Vacío

El Vacío

Ocurre esa sensación ligera pero molesta como falta de aire y peso molesto en la barriga.

Ocurre, en las mañanas aburridas después de leer la prensa y los emails. Y te quedas mirando el techo y luego por la ventana, el sol y las nubes, sin nada que te pase por la mente.

Entonces, sientes un vacío, como flotando sin control de ti, donde una fuerza te presiona las sienes y empiezas a tener imágenes estrujadas de tu pasado y de la gente linda y la nefasta encontrada y dejada en tu vida.

Y te sientes que estás al final de un camino indescifrable, confuso y te asustas pero no demasiado ya que aceptarías tu fin sin pelear. Ni sabes porqué la Muerte, la  piensas en este instante.

Luego, un silencio absoluto y sólo tu corazón palpitante te deja saber que aún vives o existes.

En ese preciso momento, sientes un estrepitoso vértigo y caída al vacío, en un túnel profundo hacia la oscuridad de la nada donde  el miedo te embarga, siendo  rey y señor de ti.

Pero descubres que no pasa nada, absolutamente nada en ti.

Sigues escuchando y sintiendo los latidos de tu corazón,

y descubres que te está diciendo algo en su ritmo cambiante pero constante.

Entonces, te dejas llevar por el vacío y tus latidos. Notas que aparecen destellos de luz, viento fresco y oloroso a azahares, mar tibio y sonido de olas con niños gritando y riendo.

Y ves a tus queridos y adorados de vida, y los quieres besar y abrazar. Ellos no te sienten pero te recuerdan y hablan de ti con cariño, y tú lloras de alegría.

 

Luego, sientes arena de playa en tus pies y la mano de tu amor en tu mano. Es ella, caminando con su sonrisa de Mona Lisa a tu lado, contándote sus sueños y deseos contigo. Llenándote de su vida. Y ahí, el vacío desaparece.

Te sientes pleno de tus seres con sus amores y tristezas, que son tantas como las estrellas en el cielo.

Iluminado por ellas, sabes y sientes que así, nunca podrá haber vacío,

en el Universo de tu vida.

 

Jorge Troncone O.

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