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Mister Sólo

 Mister Sólo

 

Ahí lo vi, un hombre en sus setenta y tantos años. Alto y delegado, sencillamente vestido con camisa limpia y arreglado.

Sus gestos agradables, llenos de respeto y gracia.Trataba con suma delicadeza a la cajera de la inmensa y higiénicamente fría tienda por departamentos.

Él, había comprado exactamente 5 cosas que parecía la combinación exacta para el almuerzo y la cena de hoy.

Lo vi como observaba con ojos de paz a la cajera, quién lo trataba amablemente, pero repetitiva, cual robot.

De repente, me miró un segundo eterno, esperando por mi turno a pagar, y me dijo sin palabra alguna, con esos ojos profundos: «estoy miserablemente sólo. Ayúdame, por favor!»

Yo sentí una presión en el pecho, sentí su dolor como si fuese el mío.

Lo miré, y le dije, igualmente sin palabra alguna:

«Dime, ¿cómo quieres que te ayude?»

Él pregunto: «no sé, solo háblame con sinceridad como mi hijo solía hacerlo antes de morir junto a mi esposa. Ese día lluvioso y espantoso, donde mi alma se ahogó en el canal con ellos.»

Yo, me le acerqué, y en silencio a voces, lo

abrasé, frente a la cajera que lloró sin saber por qué. O quizás, sabiendo que el buen hombre sufría como ella, su soledad.  Ella estaba lejos de su tierra en el Sur del Sur, allá en la Patagonia.

Lloramos y reímos juntos, nos dijimos nuestros nombres y acordamos tomarnos un café un rato después.

Desde ese momento, sin planearlo, nos hicimos amigos inseparables.

Y la parte más increíble de todo fue, que aprendimos a dejarnos llevar, sin miedo, por nuestra intuición y deseos de conexión con los otros.

Descubrí que los ojos son verdaderamente, la ventana del espíritu en los humanos.

Lo qué pasa es que la cerramos por miedo a nosotros mismos, que es el más devastador de todos..

Por eso, somos terroristas sin armas sangrientas. Nos alienamos y aterrorizamos por dentro, sin piedad.

Y nos convertimos en meros cuerpos en movimiento, vacíos, sin razón ni pasión.

Nos desgarramos así, cada día que negamos la luz de la vida, en nosotros y sin los otros.

Pero hoy juntos, hemos descubierto que existimos el uno con el otro, unidos con el Universo infinito.

Ese día, tres extraños, descubrimos en esa tienda gris, que nunca, nunca más seríamos seres solitarios.

¡Y nunca más lo fuimos!

 

Jorge Troncone O.

 

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