Y de repente…

No supe más de mi cuando te vi ahí, frente a mi, venida de no sé dónde, aparecida de la nada, como una sorpresa en mi espacio y mundo diminuto.
En ese instante eterno, me llené de ti, poseído por tus voraz mirada, y sin tocarme sintiendo tu inmenso abrazo, venciendo todo miedo, incluso al de la muerte, porque tú, llenas de luz mi ser contra toda sombra de duda con serena certeza de amor por la vida en su vibrante omnipotencia.

Me desperté y vi que soñaba, más allá de mí en ti, con tu reflejo clavado en el corazón y los ojos sedientos de ti, todo loco por tenerte, para llenarte de besos y abrazos, como si no hubiera mañana, porque descubrí mi pasión por la vida, contigo.

Y pensé que quizás, todo esto era sencillamente un homenaje a la vida que me ha dado tanto, como dijo la inmortal poeta Violeta Parra.

Desde ese instante, me encuentro todas las mañanas saludando el sol con tu imagen en el alma, llenándome de vibraciones maravillosas, cual chamán saludando al espíritu de la selva, en absoluto balance, sin espacio para la tristeza, ni siquiera por mis queridos muertos, porque ellos saben, que al fin, te encontré.

Y así, de repente, sonrío, lleno de vida, salpicado de ti.


Jorge Troncone Osorio

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